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3 de abril de 2017

In itinere

Autor: Javier Selva

Es así como se conoce en el argot legal los accidentes que ocurren camino del puesto de trabajo, in itinere. Un gigantesco árbol nos corta el paso en plena noche camino del molino Centenera. Imposible preveer una nevada así a finales de marzo. Media vuelta y regreso a sitio más seguro para pasar la noche. A la mañana siguiente aun es peor, donde antes había un árbol caído ahora hay decenas. Tanto ver las aventuras de Jeremiah Johnson en el cine, tanto leer a Jack London, tanto viaje a la Antártida y es aquí, en La Puebla de Fantova, en Huesca, camino de nuestro huerto de tomates, donde encuentro realmente The Last Frontier.

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Las motosierras comienzan a hacer su trabajo. Todos, o casi, los brazos jóvenes del pueblo van abriendo paso entre la multitud de troncos caídos en la carretera. No hay quitanieves, ni brigadas oficiales de limpieza. Tampoco se las espera. Aquí se es autosuficiente o no se es. En esta época uno lleva en el maletero de su todoterreno una motosierra con la misma naturalidad que la rueda de repuesto. Pero no pasa nada, de verdad que no. Mientras no haya desgracias personales, no pasa nada. Están acostumbrados a bregar con cosas como estas, y mucho peores.

Mientras vamos avanzando penosamente entre los árboles caídos recuerdo que no hace mucho, dos años apenas, una tremenda sequía casi da al traste con toda la cosecha de tomates. Y con la misma naturalidad que ahora, las mismas personas que ahora, remediaron la tragedia llevándonos cubas de agua a la plantación con sus tractores. Pero no pasa nada, de verdad que no. Es su vida, su día a día y ahora también el mío. Aun tengo muy frescas las imágenes de la naturaleza salvaje que me rodeó durante mi larga travesía por los mares del Gran Sur. Y ahora viendo estas otras en mis tierras pirenaicas pienso que en todos lados la naturaleza es la misma, y su fuerza, esa que me da la vida, igual de desproporcionada y espectacular. Y nosotros ya debemos formar parte de todo esto porque veníamos a plantar ya nuestros primeros tomates y eso, a pesar de la monstruosa nevada, es lo que hemos hecho.

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Mi amigo Sergio, Ali, que parece que siempre elige los momentos más delicados para echarme una mano, me mira desde el asiento de al lado, supongo que como yo, sobrecogido por el espectáculo de la nevada y no atina a decir más que:

- y todo esto antes de llegar al puesto de trabajo…

Y yo le respondo:

- in itinere, se dice así cuando te comes estos marrones antes de llegar al curro.

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Pues eso, que los primeros tomates ya están plantados, se inaugura la nueva temporada. Año de nieves, año de bienes.

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